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28.8.10

Digresiones

Soy muy dada a irme por las ramas. Jamás he sido capaz de centrarme en un tema cuando soy yo quien redacta, pero en determinado tipo de prosa no soporto que el autor rellene páginas y páginas que no aportan nada a la trama. Valoro los detalles en apariencia intrascendentes que sí demuestran tener relevancia a posteriori porque me gustan las historias bien construidas, pero una disertación sobre el ciclo vital de los grillos en una biografía novelada de un emperador romano suele parecerme un estorbo gratuito, por poner un ejemplo. Por tanto, cuando en un cuento de Fernán Caballero, concretamente en Simón Verde, he encontrado este párrafo, no he podido resistirme a copiarlo:

"Volvamos a la narración, puesto que nos echan en cara nuestras digresiones. ¡A narrar, a narrar! ¡Al sembrado y a sembrar patatas! Las digresiones están de más, que también en literatura hay hombres positivos. ¡Digresiones! ¡Pues no es nada! La prosa se escadaliza, la narración se indigna, el verso grita: ¡usurpación! El tiempo pide estrecha cuenta; el interés reniega de estos jaramagos parásitos y la atención dice que no quiere vagar como un papanatas, sino que quiere caminos de hierro para estar al nivel de los adelantos de la época. ¡A tus agujas, sastre!"

Sin entrar en lo proclive que es la autora a divagar y a introducir esas digresiones a las que hace referencia, la verdad es que Fernán Caballero puede que fuera la precursora del realismo español, pero su lectura no me ha satisfecho en absoluto: demasiada insistencia en que la riqueza equivale a degradación moral, vicios, envidias y ambición (como si ella misma no hubiera sido una persona acomodada y no la hubieran alojado en los Alcázares de Sevilla sus mecenas ilustres), demasiado hincapié en que la bondad reside en los humildes y se ve recompensada, demasiada mojigatería. Es más, los diálogos de los andaluces de a pie están tan salpicados de frases hechas y giros coloquiales propios de la vega del Guadalquivir que más parece un muestrario del habla local que una conversación coherente. Yo vivo en el Aljarafe y participo de ese habla, pero ensamblar todo un diálogo a base de frases hechas me parece una exageración. Dudo mucho que vuelva a leer nada de esta autora, por muy clásico de la literatura española que sea.

10.9.09

Un par de frases de La isla inaudita

Por cuestiones que no vienen al caso (pero que se pueden resumir en trabajo y otras distracciones), en estos momentos no tengo tiempo ni ganas de disertar sobre lo mucho que me apasiona la obra de Eduardo Mendoza. Curiosamente, sus obras más famosas no me gustaron nada: La Ciudad de los Prodigios me pareció un coñazo considerable y nunca conseguí encontrarle la gracia a Sin noticias de Gurb, pero el resto de sus novelas son otro cantar. ¡Me gustan todas! Sin embargo, hay algunas que no he tenido ocasión de leer aún.

Ése era el caso de La isla inaudita, que compré hace poco en la librería Beta de la Calle Sierpes y que me ha durado un suspiro. A pesar de que en la página 209 de mi edición de Seix Barral me haya encontrado "jirones" escrito con g y mis tendencias ortonazis me lleven al extremo de abominar de toda edición cuyos correctores no hayan hecho su trabajo, no puedo dejar de apreciar frases como éstas:

"-Además, permítame discrepar, como hombre de ciencia, de eso que usted llama amor.
-Dicen que hay quien se muere de eso -apuntó Fábregas.
-Más bien hay quien se aferra a esa quimera cuando se siente morir de otras causas más crudas." (Página 199)

Y "No pierda tiempo: viva su vida y reflexione y si después de eso aún le queda tiempo libre, lea." (Página 289).

8.7.09

Mientras apagan las ventanas de Sevilla

Que no tengo ni tiempo, ni ganas de escribir es algo que no es preciso que anuncie: salta a la vista, dada la falta de actualizaciones... Y cuando quiero narrar algo, me faltan las palabras para expresar lo que realmente quiero transmitir, así que teclear es trabajo perdido. Por tanto, hoy os traigo las palabras de otros, pero son palabras que en cierto modo resumen este quiero escribir y no puedo o no quiero o ambas cosas que me atenaza estos días:

"-Necesitaba hacerlo -se excusó Carlos-. Hay recuerdos que hay que echar afuera, como las espinas; de lo contrario se infectan.
-Yo no soy de esa opinión -dijo don Gustavo-. Los recuerdos han de ser siempre piezas de arqueología. Mientras más escondidos, más se saborean."

Y es que airear los asuntos personales por internet no es lo más apropiado, pero agobiar a los íntimos con problemas que van a infectarse de todas maneras tampoco es una opción... Ya dijo Bécquer aquello de "Dejadme con mi dolor a solas", con lo cual ambas tesis, aunque contradictorias, a mí me parecen igualmente válidas: no está mal revolcarse en determinadas cosas, así como también es un bálsamo para las heridas exponerlas.

La cita en cuestión está sacada de Mientras apagan las ventanas de Sevilla, una novela de José y Jesús de las Cuevas que fue Premio Ciudad de Sevilla en 1967 y que llegó a mis manos por casualidad: alguien nos lo dio para liberar y el título me resultó curioso. Ahora me alegro de haberlo secuestrado porque, aunque no es una gran novela y se podría decir que los hechos que contiene están ya muy vistos y es una historia de amor, odio y celos al uso con un final predecible, se presenta como una novela arco-iris, con siete fragmentos asociado a cada uno de los colores y por tanto impregnado de las sensaciones que han de transmitir dichos colores. Puesto que yo no tengo sensibilidad para estas cosas, esa asociación de ideas sentimiento-color se me ha escapado en la mitad de los capítulos, pero en cambio he apreciado enormemente lo descriptivo de la prosa, la cantidad de palabras que hacen referencia al campo y a las salinas que desconocía, la mención de pueblos y monumentos que conozco (esto siempre me acerca mucho a lo que leo, en cierto modo me hace cómplice: manías mías), las alusiones a la forma de vida de épocas pretéritas. No desarrolla una gran historia, pero sí va recreando paisajes y lo hace de una forma bastante bonita.

Y ahora me vuelvo a la cama, a comerme la moral un rato porque, como se dice en este libro, "Rumiaba esta idea con el confortable placer que produce un dolor muy vivo".

21.6.09

Una lectura mortal de una vida de película

Hace varios años tuve ocasión de leer A vuestros cuerpos dispersos, del recientemente fallecido Philip José Farmer y, aunque son muy numerosos y carismáticos los personajes históricos que intervienen en esa novela, sentí curiosidad por Richard F. Burton, porque se describía como alguien aventurero, inteligente, arriesgado, un personaje atractivo a más no poder ¡y sin embargo a mí no me sonaba de nada! ¿Quién era ese hombre?

Si leí la obra de Farmer a través de BookCrossing, también por ese medio me llegó la solución a mi pregunta: tras el Encuentro Nacional en Sevilla, un hombre nos donó una ingente cantidad de libros para que los liberásemos por la ciudad y entre ellos se encontraba El capitán Richard F. Burton, de Edward Rice, que me apresuré a apartar. Sin embargo, yo suelo leer en el autobús, yendo o viniendo del trabajo, así que abordar una biografía en lugar de una novela se me antojaba una pesadez y lo fui difiriendo hasta hace un par de meses.

Sí, habéis leído bien, un par de meses, porque ésta ha sido una lectura muy penosa. Comencé el libro, lo dejé, lo volví a comenzar, lo he intercalado en la lectura de novelas varias, lo he abandonado y retomado en numerosísimas ocasiones e incluso cuando al fin decidí que tenía que terminarlo he tardado dos semanas completas en leer las quinientas cincuenta y dos páginas que lo componen (en realidad son más, pero me he saltado la bibliografía y el índice por materias), porque no era capaz de leer más de veinte páginas seguidas. ¿El motivo? Sir Richard Francis Burton tuvo una vida muy plena: plena de enfermedades, de riesgos, de secretos, de mujeres, de inquietudes, con lo cual para evitar que su biografía requiera veinticinco tomos ésta se convierte en una sucesión de escenarios y nombres, con los incisos necesarios para describir la situación política en la que Burton desempeñaba su papel de diplomático, de infiltrado, de espía, de soldado o el menester que hubiera de desempeñar en aquel momento. No obstante, un libro que durante la lectura me ha parecido un soberano coñazo lo he cerrado con muchísima satisfacción, tanta que me da mucha pena que el libro, que está registrado en BookCrossing, se pierda en la selva. ¿Por qué?

Uno de los momentos de mayor alborozo en la vida del hombre, creo yo, es el momento de emprender un largo viaje hacia tierras ignotas. Desperezándose, despojándose con un poderoso esfuerzo de todas las trabas que nos impone el Hábito, el plúmbeo peso de la Rutina, el manto de tantas Cuitas y la esclavitud del Hogar, uno vuelve a sentirse de nuevo mucho más feliz. Fluye la sangre por las venas con el ritmo vivaz de la infancia... Un viaje, de hecho, atrae a la Imaginación, a la Memoria y a la Esperanza, las Tres Gracias de nuestra esencia moral.

Tras leer esta biografía, me queda la sensación de que he asistido a la narración de una vida muy plena, pero llena de contradicciones: su historia de amor con Isabel Arundell fue casi de novela, con la oposición de la familia, ella que lo aguarda pese a todo, él que huye de Inglaterra atormentado, pero en cambio se afirma que su forma favorita de aprender idiomas (dominaba veintinueve lenguas y fue autor de numerosos glosarios y gramáticas) era frecuentar a las putas; abominaba de la esclavitud, pero detestaba a los negros; se cree que era musulmán sufí convencido, pero indagó en otras religiones y recibió la extremaunción... Y esto, si sólo nos atenemos a los hechos, porque a lo largo de la obra se percibe un Burton inquieto, curioso, hedonista, crítico, un hombre sensual (y por esto me refiero a los sentidos, no sólo al aspecto sexual) y fiero, que sin embargo tomaba nota de todo lo que veía y observaba, traducía poesía, andaba a la búsqueda de la Gnosis, era sensible a las críticas y propenso a la melancolía. El Burton deprimido parece incompatible con el hombre que escribía informes sobre los lupanares; el Burton que no paraba quieto en ninguna parte no parece el mismo que tenía once mesas de trabajo y redactaba una obra diferente en cada una de ellas. Un hombre polifacético donde los haya.

Danzamos al helado filo de la Muerte, pero ¿por eso ha de estar la danza menos repleta de gozos?

Tiene Burton además esa aureola de héroe maldito que lo hace aún más atractivo. Puesto que fue agente del Imperio Británico, en su biografía no se detallan demasiado las misiones que llevó a cabo en ese servicio, por tratarse de asuntos de alta política que debían permanecer en secreto, pero sí se narra con detalle su incursión en La Meca y en otras ciudades vedadas al acceso de los hombres blancos, su exploración a la búsqueda de las fuentes del Nilo y otras muchas peripecias que lo hacían muy querido entre el público inglés. Sin embargo, contaba con muchos enemigos y a pesar de sus muchos méritos jamás pasó de ser un simple capitán, arruinado a pesar de los consulados que le concedieron. Es un personaje tan carismático que no pude evitar ponerme de su parte en cada controversia que se describe en la obra, así como apenarme profundamente tras leer cómo procedió su viuda con su toda su obra inédita.

Cómo se concilia un hombre de tanta erudición con un hombre de acción es algo que, si bien ha sido algo arduo de leer es algo que aún me sigue sorprendiendo, intrigando y despertando tanta admiración como conmiseración.

A fuer de contradictorio, Burton se supone un hombre de gran vigor y fortaleza física, pero el relato de sus aventuras es un rosario de postraciones, fiebres, caídas del caballo y dolencias varias, de tal suerte que la mayor parte de las expediciones parecen realizadas en angarillas. Curiosamente, sus compañeros no sufrían mejor suerte, de tal modo que a veces da la impresión de que son los porteadores los que tienen todo el mérito cuando una misión se lleva a cabo con éxito. La mala suerte parecía perseguirlo.

Otro aspecto que me ha llamado mucho la atención es la descripción que se hace de los musulmanes en esta biografía. Puesto que parece ser que Richard Burton fue un musulmán convencido, que participó en los ritos de los derviches hasta el punto de quedar marcado con infinitas cicatrices de espadas, ser el primer blanco en entrar en La Meca y ganarse el derecho de usar el turbante verde, tener un título que lo acreditaba como sufí y ser un prodigioso lector del Corán y narrador de historias del folclore árabe, esta obra está llena de referencias a mitos, prácticas y creencias. Aunque ya por aquel entonces el Islam estaba dividido en varias interpretaciones (¿hay alguna religión que no lo esté?), no se describe el integrismo aunque sí la fricción entre facciones y, aunque sí se mencione que la mujer ha de cubrirse el rostro y que debía respetarse un estricto sistema de castas, no se ofrece la imagen de culto machista y restrictivo que yo tengo de esa religión. De hecho, se supone que Burton era en muchos casos progresista, que sostenía el derecho de la mujer a no ser usada sexualmente, sino a ser partícipe y disfrutar del coito tanto como el hombre; que introdujo la literatura oriental erótica en Europa gracias a sus traducciones y ediciones; que estaba en contra de la esclavitud (como ya mencioné antes); alguien cuyo contacto con las culturas orientales sólo le hizo despreciar la estrechez de miras europeas, algo que hoy en día yo no soy capaz de concebir en relación al Islam. Así que, como ya he dicho, ésta es una obra llena de contradicciones...

¿El resultado de esta lectura? Unas ganas locas de leer su versión de Las mil y una noches.

25.1.09

Imprescindible para la magia

En el foro de Animeunderground alguien (no recuerdo quién) recomendó un webcómic sobre un grupo de jugadores de Dungeons and Dragons, llamado The Order of the Stick. El grupito de aventureros es completo: el elfo mago con cuya homosexualidad se bromea (es lo que tiene ser elfo), la ladrona, un mediano que es un asesino y mala persona en general aunque tendría que colar como explorador, un líder negro y un bardo tonto perdido. Todo empezó como chistes sobre subir de nivel y ha terminado por tener algo parecido a una trama... En el capítulo de hoy he encontrado lo siguiente: "But I find that virgin´s blood is kind of like table salt: you can´t go wrong with a little sprinkle here or there" Este tipo de coñas siempre me recuerdan a MundoDisco (hace muy poco he visto Hogfather y todavía se me está cayendo la baba, sin contar que Thud! consiguió que volviera a enamorarme de Vimes, y con esta van sotopocientas mil veces), aunque para el rito de Cueshtienti sólo hace falta un decilitro de sangre de ratón... Todos sabemos lo difíciles que es encontrar vírgenes hoy día :P

11.1.09

Para borrachos

Mi prima María me invitó a unirme a Tuenti y, aunque no le veo mucha más utilidad que a Twitter, me sirve para dejarle mensajillos a mis primos de vez en cuando. De hecho, allí encontré que mi prima Irene tiene entre sus citas favoritas una de Frank Sinatra que me ha hecho mucha gracia: "I feel sorry for people who don't drink. When they wake up in the morning, that's as good as they're going to feel all day" Buscando quién era el autor de semejante juicio, di con una página llena de citas sobre el alcohol, que está repleta de perlas como "Sometimes when I reflect back on all the beer I drink I feel ashamed. Then I look into the glass and think about the workers in the brewery and all of their hopes and dreams. If I didn't drink this beer, they might be out of work and their dreams would be shattered. Then I say to myself, it is better that I drink this beer and let their dreams come true than be selfish and worry about my liver." (Lo de Jack Handey es altruismo y lo demás son tonterías) o "A man who was fond of wine was offered some grapes at dessert after dinner. "Much obliged," said he, pushing the plate aside, "I am not accustomed to take my wine in pills."", de Jean Anthelme Brillat-Savarin. Que estas frases sean divertidas no quita que mi prima sea una alcohólica de cuidado :P

5.11.08

Los ríos cantan y la mar marea

El reinado de Witiza, de Fernando García Pavón, fue finalista del Premio Nadal en 1967. Este ejemplar en concreto me lo dio alguien para que lo liberase a través de BookCrossing y no sé por qué sentí el impulso de guardarlo y leerlo antes de dejarlo en la calle, pero no me arrepiento en absoluto: es una obra detectivesca, sí, pero más que la trama de investigación me ha deleitado el tratamiento que se da a la vida en el pueblo, a las costumbres, que todos se conocen entre sí, la diferencia de ritmo respecto a lo que se conoce hoy día, a lo que se suma un lenguaje que es muy llano y abunda en expresiones coloquiales, pero se utiliza con tanta excelencia que da lugar a pasajes tan evocadores y hermosos como el que copio hoy:

"Los ríos cantan y la mar marea, pero el agua de laguna es de melancolía. Sólo para mirarse la cara en sus espejos, ver marcharse la tarde paso a paso y recibir el amanecer en su bandeja. Las tardes junto a las lagunas son de añoranza... Tal vez las aguas no se hicieron para estar quietas, como ojos cansados."

8.9.08

Pero el libro no es de Borges...

Indicaba en el post anterior que he leído muy poco durante el mes de septiembre y lo cierto es que dudo que lea mucho más: El bandido adolescente me estaba costando tanto trabajo que quise compaginarlo con Troya, de Gisbert Haefs, lo cual fue un error. No digo que la novela de Gisbert Haefs sea mala, que no lo es en absoluto, pero no es el suyo un estilo apto para autobuses atestados en horas en las que pesa la comida en el estómago (yendo al trabajo) o el cansancio de la jornada (a la vuelta), sin contar el sueño que suelo tener a esas horas... Dado que está inspirado en la epopeya homérica, el lenguaje empleado no es para nada coloquial, sino que es elaborado (sin ser manierista) y, aunque las partes narradas por Ulises me están fascinando, mi ignorancia sobre la situación en el mapa de los distintos países y el jaleo que me estoy montando con los nombres de las ciudades y sus gobernantes hace que no esté disfrutando demasiado con la lectura.

Sin embargo, antes de comenzar su propia novela, Haefs cita un fragmento del que no da más información que el nombre de su autor, Jorge Luis Borges, que es el que voy a fusilar vilmente. Lo copio entero, aunque la frase que verdaderamente me ha dado que pensar es "No podemos creer en el cielo, pero sí en el infierno", porque es cierto que de un tiempo a esta parte disfruto mucho más cuando al bueno lo matan y a la heroína la humillan.

Sin más preámbulos, ahí va la cosa:

"Cuatro son las historias. Una, la más antigua, es la de una fuerte ciudad que cercan y defienden hombres valientes. Los defensores saben que la ciudad será entregada al hierro y al fuego y que su batalla es inútil; el más famoso de los agresores, Aquiles, sabe que su destino es morir antes de la victoria [...].

Otra, que se vincula con la primera, es la de un regreso. El de Ulises que, al cabo de errar diez años por mares peligrosos y de demorarse en islas de encantamiento, Vuelve a su Itaca; el de las divinidades del Norte que, una vez destruida la tierra, la ven surgir del mar, verde y lúcida, y hallan perdidas en el césped las piezas de ajedrez con que antes jugaron.

La tercera historia es la de una busca. Podemos ver en ella una variación de la forma anterior. Jasón y el vellocino; los treinta pájaros del persa, que cruzan montañas y mares y ven la cara de su dios, el Simurgh, que es cada uno de ellos y todos. En el pasado toda empresa era venturosa. Alguien robaba, al fin, las prohibidas manzanas de oro; alguien, al fin, merecía la conquista del Grial. Ahora, la busca está condenada al fracaso. El capitán Ahab da con la ballena y la ballena lo deshace; los héroes de James o de Kafka sólo pueden esperar la derrota. Somos tan pobres de valor y de fe que ya el happy-ending no es otra cosa que un halago industrial. No podemos creer en el cielo, pero sí en el infierno.

La última historia es la del sacrificio de un dios. Attis, en Frigia, se mutila y se mata; Odín, sacrificado a Odín. Él mismo se mata a Sí Mismo, pende del árbol nueve noches enteras y es herido de lanza; Cristo es crucificado por los romanos.

Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda seguiremos narrándolas, transformadas."

Esto me recuerda a cierta discusión en cierto foro con una escritora de fanfiction, que aducía que según mi argumentación ya estaba todo escrito. Y este fragmento glosa bien ese argumento que la experiencia está confirmando: cuanto más leo, más trabajo me cuesta encontrar una obra que me sorprenda y con más facilidad identifico ideas que ya vi en otras obras.

Supongo que me hago vieja.

7.9.08

Acerca de la perfección

Ya sé que llevo mucho tiempo sin actualizar (tres semanas) y que copiar un texto ajeno es trampa, pero ya me explayaré a gusto cuando se me acabe el contrato el día 21 y los días vuelvan a tener horas suficientes para hacer todo lo que quiero/debo hacer.

Entre esas cosas que quiero hacer se encuentra la lectura: este mes apenas he abierto un libro, justamente porque ese libro es El bandido adolescente, de Ramón J. Sender y me ha costado Dios y ayuda el terminarlo. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga, y de ahí saco esta frase:

"La perfección suele ser un fin, siempre, y por eso hay en ella algo definitivamente muerto."

Se trata de una frase incluida en la nota al pie de la página 169 del ejemplar que me dio mi abuela, uno de esos libros de la colección Biblioteca Básica Salvat RTV con las páginas amarillas y quebradizas y un fuerte olor a polvo... Y esto es lo único que pienso contar sobre el libro, porque su contenido no me ha entusiasmado en absoluto.

10.8.08

Sacado de El catalejo lacado

No tengo demasiadas ganas de meterme a analizar en profundidad la trilogía de la Materia Oscura, de Philip Pullman: él mismo reconoce que su trabajo bebe de sus lecturas y hay ideas en su obra que no son nuevas en absoluto, pero a cambio introduce tantos conceptos originales que la mera idea de la obra ya es maravillosa. Sin embargo, para mi gusto, le falla el ritmo narrativo, porque se ha tratado de una lectura que me ha emocionado en muy contadas ocasiones a pesar de la gran cantidad de acción que contiene. Yo soy así de rara y sólo me gusta lo que leo cuando puedo conectar de alguna manera con la historia y los personajes. Con la Materia Oscura he sido una espectadora ajena a los acontecimientos y eso supone demasiada frialdad como para sumarme a la legión de adoradores de esta obra.

No obstante, me quedo con un párrafo que describe bien lo ajenos que siento a veces determinados aspectos de mi propia vida:

"El amor era como China: sabías que existía, y debía de ser muy interesante, y algunas personas iban allí, pero yo no iría. No iría jamás en la vida a China, pero no importaba, porque podía visitar el resto del mundo."

22.7.08

Vos también tenés tu corazoncito

Voy a copiaros algo extraído de El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, una obra que tiene los puntos suspensivos y los silencios más expresivos de todo lo que he leído. Hace siglos que leí esta novela y me hice con un ejemplar a través de BookCrossing que catalogué como Permanent Collection, pero ya encontré una edición muy asequible para comprar mi propio ejemplar y por tanto ese libro BC está dispuesto para viajar. Hoy, al cogerlo para anunciar que lo libero, en las página 35 y 36 de esta edición del Círculo de Lectores correspondiente a la colección Maestros de la Narrativa Hispánica, vuelvo a leer lo siguiente:

-¿Te gustó?
-Sí...
-¿Mucho o poco?
-Me da lástima que se terminó.
-Pasamos un buen rato, ¿no es cierto?
-Sí, claro.
-Me alegro.
-Yo estoy loco.
-¿Qué te pasa?
-Me da lástima que se terminó.
-Y bueno, te cuento otra.
-No, no es eso. Te vas a reír de lo que te voy a decir.
-Dale.
-Que me da lástima porque me encariñé con los personajes y ahora se terminó, y es como si estuvieran muertos.
-Al final, Valentín, vos también tenés tu corazoncito.
-Por algún lado tiene que salir... la debilidad, quiero decir.
-No es debilidad, che.
-Es curioso que uno no puede estar sin encariñarse con algo... Es... como si la mente segregara sentimiento, sin parar...
-¿Vos creés?
-...lo mismo que el estómago segrega jugo para digerir.
-¿Te parece?
-Sí, como una canilla mal cerrada. Y esas gotas van cayendo sobre cualquier cosa, no se las puede atajar.
-¿Por qué?
-Qué sé yo... Porque están rebalsando ya el vaso que las contiene.

Me encantó este pasaje cuando lo leí por primera vez y me sigue encantando ahora, no sólo porque yo también siento alejarme de los personajes con los que he empatizado durante una lectura.

(Bueno, el libro es de BookCrossing, así que si alguien está interesado, se lo puedo mandar por correo ordinario para que de ese modo continúe su viaje)

26.3.08

Casualidades de la vida

Supongo que podría hablar del manga de Ray, que es infinitamente mejor que el anime (que ya comenté); podría comentar la novela Teresa Raquin, de Zola, pero ni siquiera he hecho la entrada correspondiente en BookCrossing; podría explayarme sobre Paprika porque no sólo me ha fascinado la película, sino que la banda sonora parece ser lo único que puede reproducir mi ordenador... Pero como no tengo ganas de quebrarme demasiado la cabeza con una redacción que pueda parecer coherente, pues cuento una gilipollez y ya está.

Hoy, en el autobús, tenía la neurona dividida entre la lectura y mis propias paranoias (demasiadas cosas hay en mi vida que no me gustan, últimamente, y no siempre la lectura equivale a evasión, aunque ayude bastante), cuando ambas cosas confluyeron de forma natural. Para ser más concreta, diré que estoy leyendo Literati, de Barry McCrea, que a pesar de que no augura nada bueno para su desenlace y creo que va a decaer muchísimo, me tenía basatnte intrigada: Niall descubre las sortes, que consisten en abrir un libro cualquiera, elegido sin pensar, y escoger también un párrafo al azar que contestará a la pregunta cuya respuesta se busca. Las palabras terminan por ser un ente en sí mismas, con independencia de su contexto, y Niall se ve atrapado en una atmósfera de irrealidad causada por esa autonomía de significado, que le impide hilar un término con otro y contemplar los textos con coherencia. Dado que me gustan los libros y que esa pesadilla de aislamiento está bastante bien narrada para mi gusto (o quizá es que tan sólo estoy receptiva para esta clase de paranoias, estos días), me dejé llevar un poco y, abriendo el libro por una página cualquiera y sin haber hecho ninguna pregunta en concreto, apareció este texto:

Si no hay esperanza, dame un beso y separémonos.
Nada he hecho; nada más obtendrás de mí,
y me alegro, sí, me alegro de todo corazón,
de poderme librar tan netamente;
despidámonos para siempre, olvida tus juramentos,
y cuando volvamos a encontrarnos alguna vez,
que no se note en tu rostro ni en el mío
que conservamos algo del antiguo amor.


Se trata de una de las citas de otros libros que Niall utiliza para realizar las sortes, pero no se menciona la obra original. Tampoco es que sea de una belleza sobrecogedora, bien podría ser la letra de una canción de puro normal, pero... También hubiera podido ser la respuesta a una de las muchas preguntas que me bullían en la cabeza.

Casualidades de la vida.

P.D: Juas, yo misma me sorprendí de ceder al impulso, que sabía que estaba un tanto desequilibrada, ¡pero no sabía que tanto! Y cuando pensé que bien me vendría aplicarme el cuento de ese texto (aunque de forma parcial), opté por repetir el experimento y verificar que había sido eso, una casualidad. Pero ¿a que sería bonito encontrar respuestas en los libros de forma tan literal?

29.1.08

Por si alguien no lo entiende

"Usted es un hijo de puta, señor. No lo digo para insultarlo, lo digo porque es una liberación".

Esta frase extraída de Los impacientes, de Gonzalo Garcés, expresa una verdad como un templo. Hay quien confunde desahogo con ofensa (y a quien lo haga, que le den por culo xD).

En cuanto a la obra en sí, me temo que no eran estos los días propicios para leer una obra en la que el narrador omnisciente a veces habla en primera persona, por sí mismo, otras veces emplea la primera persona para tratar al personaje que protagoniza la escena y cambia de un modo a otro sin previo aviso, en el mismo párrafo. Para más inri, es de esta prosa repleta de supuesta metafísica y sentimiento, llena de imágenes y sensaciones, de trascendencia que, cansada, muerta de sueño y a veces cabreada, a mí se me ocultaba tras las palabras.

Quién sabe, quizá en otra ocasión y en otras circunstancias me hubiera gustado... Pero la frase que cito, con independencia del resto de la obra, me ha encantado. Una verdad como un templo.

12.11.07

Aunque tú no lo sepas

Nunca me ha gustado la poesía porque nunca he sabido desentrañar la verdadera intención tras una metáfora: me confunde y me cabrea. No sólo soy adepta a la prosa, sino que toda mi formación transcurrió por las ciencias puras. Así que ha sido por pura casualidad que encontré este poema, que se cita en la novela Algo tan parecido al amor, de Carmen Amoraga, libro del que ya hablaré (hoy no me apetece). El poema en cuestión se titula Aunque tú no lo sepas y fue escrito por Luis García Montero:

Como la luz de un sueño
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.
Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.
Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo, como la luz de un sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.