8.7.09

Mientras apagan las ventanas de Sevilla

Que no tengo ni tiempo, ni ganas de escribir es algo que no es preciso que anuncie: salta a la vista, dada la falta de actualizaciones... Y cuando quiero narrar algo, me faltan las palabras para expresar lo que realmente quiero transmitir, así que teclear es trabajo perdido. Por tanto, hoy os traigo las palabras de otros, pero son palabras que en cierto modo resumen este quiero escribir y no puedo o no quiero o ambas cosas que me atenaza estos días:

"-Necesitaba hacerlo -se excusó Carlos-. Hay recuerdos que hay que echar afuera, como las espinas; de lo contrario se infectan.
-Yo no soy de esa opinión -dijo don Gustavo-. Los recuerdos han de ser siempre piezas de arqueología. Mientras más escondidos, más se saborean."

Y es que airear los asuntos personales por internet no es lo más apropiado, pero agobiar a los íntimos con problemas que van a infectarse de todas maneras tampoco es una opción... Ya dijo Bécquer aquello de "Dejadme con mi dolor a solas", con lo cual ambas tesis, aunque contradictorias, a mí me parecen igualmente válidas: no está mal revolcarse en determinadas cosas, así como también es un bálsamo para las heridas exponerlas.

La cita en cuestión está sacada de Mientras apagan las ventanas de Sevilla, una novela de José y Jesús de las Cuevas que fue Premio Ciudad de Sevilla en 1967 y que llegó a mis manos por casualidad: alguien nos lo dio para liberar y el título me resultó curioso. Ahora me alegro de haberlo secuestrado porque, aunque no es una gran novela y se podría decir que los hechos que contiene están ya muy vistos y es una historia de amor, odio y celos al uso con un final predecible, se presenta como una novela arco-iris, con siete fragmentos asociado a cada uno de los colores y por tanto impregnado de las sensaciones que han de transmitir dichos colores. Puesto que yo no tengo sensibilidad para estas cosas, esa asociación de ideas sentimiento-color se me ha escapado en la mitad de los capítulos, pero en cambio he apreciado enormemente lo descriptivo de la prosa, la cantidad de palabras que hacen referencia al campo y a las salinas que desconocía, la mención de pueblos y monumentos que conozco (esto siempre me acerca mucho a lo que leo, en cierto modo me hace cómplice: manías mías), las alusiones a la forma de vida de épocas pretéritas. No desarrolla una gran historia, pero sí va recreando paisajes y lo hace de una forma bastante bonita.

Y ahora me vuelvo a la cama, a comerme la moral un rato porque, como se dice en este libro, "Rumiaba esta idea con el confortable placer que produce un dolor muy vivo".

2 comentarios:

Ijon Tichy dijo...

Esa última frase me parece una pequeña maravilla, además de muy cierta (prueba de que aun en novelas que no destacan especialmente puede uno encontrar auténticas perlas).

Saludos,
Dr. Esperanto

Paula Katherine Lozano dijo...

Me encantó!